¿Cómo hablarle al médico? ¿Qué frases evitar y cuáles decir?
Parece absurdo. Sé que quizás pienses que es el médico el que tiene que saber hablar al paciente. Y es cierto que un profesional de la medicina se ha entrenado durante años en entrevistar y explorar a pacientes.
¿Por qué planteo que hay frases o actitudes que nos pueden perjudicar en una consulta?
Porque la realidad es que podemos influir con nuestra conversación para bien o para mal. En realidad, lo mismo pasa con cualquier profesional.
El planteamiento que propongo es que te preguntes:
¿Cuál es la forma más eficaz de plantear mi problema a un fontanero, electricista o mecánico?
¿Cómo me gustaría que me plantearan el problema a mí si yo fuera el profesional?
Seguramente, si respondemos a estas dos preguntas, ya tendremos una idea de cómo actuar en la consulta.
Además, muchas veces te encuentras con una sobrecarga de pacientes esperando, poco tiempo, interrupciones y a veces sensación de que no nos han escuchado. Lo sé como médico y como paciente. Y eso va en nuestra contra.
Pero como no está en nuestra mano resolver los problemas de los sistemas de salud, mejor centrarnos en aprovechar mejor el tiempo de nuestra consulta.
Te planteo estas siete frases que es mejor evitar y qué puedes hacer en su lugar.
1. “Bien, bien, lo de siempre”
Si tienes algún problema que te preocupa y te pregunta el médico, no digas que “te va bien”. Empieza por el problema que te lleva por ahí. No lo dejes para después.
Puedes decir:
“Desde hace tres semanas me mareo al levantarme por la mañana y antes no me pasaba”.
O el problema que sea.
2. “Seguro que no es nada, pero no quería molestar”
A veces no queremos parecer exagerados y quitamos importancia a nuestros síntomas. Otras veces es por miedo a que oculten algo importante.
Pero la importancia o no de lo que te pasa la ha de decidir el médico.
Tú no tienes que decidir si un síntoma es grave cuando lo explicas. Ni le quites importancia ni se la des. Solo explica lo que te pasa.
Céntrate en tres temas:
Qué notas.
Desde cuándo lo notas.
Qué ha cambiado respecto a cómo estabas antes.
Por ejemplo: “Me falta el aire al subir las escaleras hace tres semanas. Antes no me pasaba”.
3. “Por cierto, doctor, una última cosa…”
Consisten en decir lo que más te preocupa para el último momento o cuando ya estás saliendo.
De hecho, tiene un nombre: fenómeno del pomo de la puerta.
El motivo puede ser por vergüenza, miedo a molestar o ha querido ver si el médico es comprensivo. A veces es para que no haya tiempo para preguntas embarazosas.
No dejes para el final, cuando te vas, lo que más te preocupa.
Antes de la consulta puedes apuntar un máximo de tres problemas y habla primero del que más te preocupa. Tu médico puede cambiar el orden si detecta algo más urgente, pero de entrada puedes decirle:
“Vengo por tres cosas que tengo apuntadas. La primera es la que más me preocupa” y la sueltas.
Recuerda que algunos síntomas no pueden esperar a una cita porque son urgencias.
4. “Sí, tomo todo como me lo recetó”
No digas que estás siguiendo las prescripciones del médico si no es verdad. No es por una cuestión moral, sino porque te perjudica.
Si tienes la presión alta y el médico cree que tomas la pastilla para la presión todos los días y no la tomas, o solo tres días por semana, no le digas que sí la tomas todos los días.
Si te miden la presión y les sale alta varias veces, pensarán que necesitas aumentar la dosis cuando no es el problema.
Lo mismo pasa con cualquier otra medicación o prescripción.
También necesita saber si tomas otros medicamentos sin receta o suplementos. Habrá medicación que esté en la historia electrónica, pero otra no.
Repito. Explica lo que tomas de verdad, incluidos suplementos y vitaminas. Puedes llevar una lista con las dosis, fotografías o los propios envases.
Y si una medicina te sienta mal, lo consultas antes de suspenderla por tu cuenta.
5. “Serán cosas de la edad”
Eso es cierto, que con los años cambia, pero no debemos dar la culpa de todo al envejecimiento.
En lugar de decir “será la edad”, explica qué podías hacer antes y qué no puedes hacer ahora o te cuesta.
Por ejemplo: “Hace seis meses subía al segundo piso sin parar. Ahora tengo que parar dos veces porque me ahogo”.
No pasa nada si das alguna opinión, y puede que te lo pregunte el médico, pero de entrada ve directo a lo que te preocupa. Explícalo con claridad y sin valoraciones.
6. “Lo que usted diga, doctor»
No le sigas la corriente al médico y no le des la razón en todo si no estás de acuerdo; no te encaja el tratamiento.
Puede que un medicamento te dé sueño y por la tarde tienes que cuidar a tus nietos. Puede que el precio sea caro o que te preocupen los efectos secundarios.
En lugar de callarte, expón tus dudas y pregunta:
¿Por qué me recomienda este tratamiento? ¿Tenemos otras opciones?.
No de ir con chulería ni discutir, sino de tomar decisiones juntos, teniendo en cuenta tu situación y tus preferencias.
7. “Sí, sí, lo he entendido todo”
Si no has entendido las instrucciones, pide que te las aclaren, por favor.
Puedes comprobar si entiendes repitiendo las instrucciones con tus propias palabras:
“A ver si lo he entendido bien. Tengo que tomar esta pastilla todas las mañanas, todos los días, hasta que usted me diga lo contrario. ¿Es así?”.
Antes de salir por la puerta, ten claro qué tienes que hacer y para qué sirve cada medicamento, cómo tomarlo y durante cuánto tiempo.
Muchas veces lo mejor es pedir las instrucciones por escrito. Y la verdad es que muchos profesionales ya lo hacen.
¿Y si el médico te dice “eso es la edad”?
Esta es una octava frase, pero esta vez puede ser el propio médico quien la diga.
A veces hay síntomas que no son por edad y otros son por la edad, pero pueden mejorar.
Si tienes un síntoma nuevo que limita tu vida, no tienes por qué resignarte ni discutir.
Pregúntale:
¿Qué otras causas podrían explicar esto?
¿Podría tener relación con alguna medicina que tomo?
Si no mejoro o empeoro, ¿cuándo vuelvo y qué haríamos?
Consiste en entender por qué el médico ha llegado a esa conclusión.
Si los síntomas persisten, no encuentras una explicación satisfactoria y sientes que no te escuchan, puedes pedir una segunda opinión.
Recuerda:
Empieza por lo que más te preocupa. Apunta como regla general un máximo de tres problemas.
Explica qué notas, desde cuándo y qué ha cambiado.
Lleva una lista de todos los medicamentos y suplementos que tomas, con o sin receta, y sus dosis reales.
No te quedes con dudas. Pide aclaraciones y repite las instrucciones con tus palabras.
Antes de salir, pregunta: “¿Qué tengo que vigilar en casa y cuándo debo volver?”.
Si quieres profundizar, puedes ver el vídeo completo aquí.
Cuídate.
Dr. Alberto Sanagustín
P.D. Como siempre, recuerda que este contenido es informativo y no sustituye tu consulta médica. Te dejo las referencias en la descripción del vídeo en YouTube.



Por complicidad entre facultativ@ y paciente.Toda pregunta ha de SER CLARA,CONCISA Y VERADERA.Ha de explicarse por nuevas Señales que aparecen en el paciente por PRIORIDADES!Has de delegar en el facultativ@ sin que Te quede duda alguna.Se ha de preguntar por las interacciones con un fluido DIÁLOGO Y RESPETUOSO Y Entre ambos!!UN gran AGRADECIMIENTO !sin miedo alguno.El médico está preparado para ello y nos como pacientes!Hemos de ACEPTARLO.DANDO ASÍ con la raiz y con las soluciones.SÉ Directo si fuere preciso anota toda la medicacion y explica con TERNURA !Todo nuevo cambio !El ó ella conoce Tu historial y lo pautado luego en prioridad !El facultativ@!Teniendo CLARO !quien por amig@!!ES su profesión y la de nos !no tomar nada sin su supervisión .Mas si no Te convenciere!AGRADECE Y pide una segunda valoración.El facultativa ES Tu amigo!no tu enemigo!RESPETA VALORA Y CONFIA
Excelentes consejos. Gracias